AFRICA, EL PAISAJE INESPERADO DE CALO CARRATALA EN LA SALA DE EXPOSICIONES DE LA GLORIETA DE SAGUNTO

AFRICA, EL PAISAJE INESPERADO DE CALO CARRATALA EN LA SALA DE EXPOSICIONES DE LA GLORIETA DE SAGUNTO

Hasta el 31 de marzo

En el catálogo en color profusamente documentado gráficamente, el profesor de la Facultad de Bellas Artes de Valencia, José Albelda nos dice:

El paisaje viajero y el arte del buen pintar El sentido de la pintura en los tiempos de la revolución digital Algunos pensamos que la pintura es, hoy en día, un arte a contracorriente profundamente necesario como contrapeso de nuestra vida excesivamente digital. El aprendizaje del mundo y la interacción con lo que llamamos realidad está cada vez más mediado por pantallas de todos los tamaños, para que siempre tengamos alguna a mano o a bolsillo. El niño contemporáneo de nuestras sociedades llamadas desarrolladas, antes de saber andar ya conoce cómo interaccionar con el móvil o la tablet para ver sus dibujos animados cotidianos. No hace falta contarle cuentos o andar con marionetas y juguetes de trapo: la magia digital lo supera todo en su capacidad de fascinación, desde las edades más tiernas al tiempo último, arropados en el sillón frente a la pantalla de televisión omnipresente. Quizás de la primera fascinación aún cercana, estemos ya virando hacia la necesidad de un reequilibrio. Muchos comienzan a considerar que algo importante se está perdiendo cuando dedicamos más horas al día a trabajar y a disfrutar a través de un interface digital que a construir con nuestras manos, acariciar lo vivo o contemplar la realidad en su lento decurso con nuestra mirada directa. La distopía de la pandemia y nuestro confinamiento nos ha permitido comprender con claridad la evidencia de dicho exceso, y la necesidad de una compensación.

En este contexto, a contrafilo, pero con la fuerza de lo necesario, la pintura –su ejercicio, su disfrute– se alinearía con las demás “artes del tiempo lento”, como el paseo consciente, la contemplación, el baile, el canto, el teatro, la música con instrumentos, todas las artesanías… como respuestas eficaces para contrapesar los excesos de una sociedad hiperdigital. La pintura se convierte así en una actividad con pleno sentido contemporáneo, alineada con las demás iniciativas que asumen un compromiso de rehumanización, entendido como la necesidad de reivindicar el “saber hacer y expresar” a través de nuestro cuerpo sin necesidad de complejos interfaces tecnológicos, que han pasado de ser instrumentos a convertirse en el auténtico motor de nuestras vidas. El pintar presenta un conjunto de cualidades irrenunciables vinculadas a las capacidades humanas como la expresión no mediada, el contacto directo con el color, el vínculo entre materia, espacio y tiempo real y el rescate de la imagen tangible; así como el nexo fundamental con nuestros orígenes, cuando la pintura comenzó a evocar lo importante del mundo en las paredes y bóvedas de las cuevas.

Pretendo, con estas palabras introductorias, profundizar en la defensa del hecho pictórico como proceso de reconquista de lo esencial humano a lo que no debemos renunciar, desde una imprescindible función reequilibrante más que contrahegemónica. No se trata de acogernos a la ilusión de que hoy en día es posible vivir socializados sin ordenadores y móviles, no sería realista, pero sí podemos ejercer el derecho al reequilibrio en nuestras vidas, y recuperar mucho de lo importante. Por lo tanto, la función y la pervivencia de la pintura como lenguaje directo necesario, como imagen artesana y empática, no es algo que se pueda poner en cuestión, pero sí podemos bucear en los nuevos caminos de investigación y expresión que a su través pueden trazarse.