ARTE Y REDENCIÓN. RETRATOS Y RELATOS DE LA VIDA EN LOS MÁRGENES

ARTE Y REDENCIÓN. RETRATOS Y RELATOS DE LA VIDA EN LOS MÁRGENES

El MuVIM expone en su Sala Alta la obra de los reclusos del Centro Penitenciario de Picassent que participaron a lo largo de los años en un taller creativo

Contraexvotos. Relatos de vida en los márgenes reúne una heterogénea pero significativa selección de obras de los reclusos, sobre todo textos propios y dibujos

La diputada del MuVIM, Glòria Tello, considera que «esta es una propuesta expositiva muy innovadora por parte del MuVIM, estrechamente relacionada con la llamada ‘arteterapia’»

«Me han pedido que escriba sobre el motivo que me trajo a prisión y he decidido hacerlo para que quien lea esto tome conciencia de lo fácil que puede ser», escribe Isidro en un cuaderno que ahora se expone en la Sala Alta del MuVIM, museo dependiente de la Diputació de València. «Soy un tipo normal», asegura, «con su trabajo, su familia, su hipoteca, sus aficiones y sus amigos. Nunca he tenido ningún problema con la ley; es más, siempre la he respetado, pero una noche mi vida entera cambió», afirma antes de adentrarse en los detalles de una historia que mezcla conducción y alcohol.

Crear para redimirse

La artista valenciana Cari Roig empezó a trabajar, hace unos cuantos años, con internos del Centro Penitenciario de Picassent, «coordinando tareas creativas con el fin de expresar sentimientos y viajar hacia el interior de cada cual, expresando, pintando sus caídas», afirma. Cari Roig, comisaria de la exposición, está muy satisfecha con la experiencia, sobre todo porque gracias a su taller «los presos se sienten valorados y piensan que crear es caminar hacia su redención».

Ahora, una significativa selección de trabajos gráficos y textos escritos por el grupo de internos que participaron en el taller de Cari Roig se puede contemplar en la exposición Contraexvotos. Relatos de vida en los márgenes, ubicada en la Sala Alta del MuVIM. Se trata de un conjunto heterogéneo de dibujos hechos con acuarelas, lápices o rotuladores —la mayoría de las veces acompañados de texto escrito— en los cuales los presos expresan sus sentimientos más íntimos, pero también sus quejas. Hay muchos que aprovechan para contar su aciaga experiencia con las drogas («adormidera, mi pasión y mi perdición», dice Punki), otros lamentan la pérdida de la libertad («cárcel de Picassent, cementerio de hombres vivos donde se pagan las deudas y se pierden los amigos», afirma otro), pero en todos ellos está presente la constante de un dolor profundo y muy vívido. Como asegura, con palabras dibujadas, otro interno de manera breve y expeditiva: «no desearía a nadie lo que estoy sufriendo yo».

Contra la deshumanización

La capacidad de expresarnos artísticamente es uno de los factores de singularización de la especie humana, «una de esas cosas que nos hace humanos», afirma Rafael Company, director del MuVIM. «Pero hay otra característica también exclusivamente humana: que somos los únicos seres vivos capaces de no reconocer a nuestros congéneres, es decir los únicos seres capaces de deshumanizar a los otros». Para Company esta es una práctica continuada en el tiempo y, lamentablemente, todavía vigente. «No es exclusiva de la fábrica de ideas nacionalsocialista, la que llegó a considerar algunos miembros de la especie como untermenschen, como infrahumanos», continúa diciendo el director del museo. Sin ir más lejos, el colectivo de personas privadas de libertad por causa judicial es «uno de los más firmes candidatos a sufrir esa deshumanización», asegura, y por eso esta muestra de arte en la prisión es para él todo un alegato contra la intolerancia. Porque el arte, concluye Rafael Company, «puede ser un instrumento inmejorable para la redención».

Ilustración y reinserción social

Para Company, un museo dedicado al movimiento ilustrado es el mejor espacio para acoger una exposición de estas características. «Solo hay que recordar a Cesare Beccaria», dice. Beccaria fue un ilustrado italiano que se opuso a la pena de muerte «y defendió la idea de que las condenas tenían que ser proporcionales al delito y tener una finalidad eminentemente rehabilitadora». En 1764 publicó De los delitos y de las penas, «una obra que tuvo una gran repercusión internacional en la Europa ilustrada y contribuyó a cambiar la manera de concebir la finalidad de las condenas y de las prisiones», asegura el director del museo.

«Los ilustrados ponían el énfasis en la educación», continúa diciendo Company. «La entendían como la única manera de mejorar las condiciones de vida de los seres humanos y evitar que las capas más pobres de la población se criminalizaran». Y, curiosamente, una reflexión parecida hace Manuel, uno de los reclusos que participaron en el taller de Cari Roig, cuya obra también se puede ver ahora en la exposición. «La libertad comporta responsabilidad —dice en una hoja donde combina palabras y dibujos—, por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto. Pero digo yo que solo con la educación el hombre puede llegar a ser hombre». Y concluye de manera categórica que «el hombre no es más que aquello que la educación hace de él».

Para Glòria Tello, diputada del MuVIM, «esta es una propuesta expositiva muy innovadora por parte del MuVIM. Hace muchos años que existen líneas de investigación y técnicas de la llamada ‘arteterapia’. Ahora se lleva a cabo una magnífica intervención, donde las personas recluidas en la prisión de Picassent tienen la oportunidad de explorar y manifestar sus sueños, deseos y angustias en un espacio dedicado al pensamiento y la razón como es el MuVIM».

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