FERNANDO BAÑULS EXPONE EN SANTA POLA ‘La gran época en que todo saltó por los aires’

FERNANDO BAÑULS EXPONE EN SANTA POLA ‘La gran época en que todo saltó por los aires’

FERNANDO BAÑULS expone en el Museo del Mar – Castillo de Santa Pola ‘La gran época en que todo saltó por los airescomisariada por Enric Mira del 19 de junio al 14 de septiembre de 2026, dentro de la Convocatoria artistas locales Miguel Cuervo-Arango 2025/2026. Modalidad I

El título es La gran época en que todo saltó por los aires, y la justificación del por qué y su sentido es la siguiente: En la entrevista que la prestigiosa Paris Review le realizó a Robert Lowell (1961), éste señaló: “La gran época en que todo saltó por los aires fue la de Schönberg, Picasso, Joyce y el primer Eliot, cuando llegó a las artes una energía que quizá no hemos vuelto a ver”.
Lo cierto es que en el primer tercio del siglo XX, en el período de entreguerras más acusadamente, se vivió una época de especial efervescencia tanto en el mundo del conocimiento como en el de las artes.

Pero quise abarcar ese “todo” de la frase, porque la especial creatividad que se vivió no se limitó a las artes, sino al conjunto del conocimiento, a las ciencias y a la filosofía.

Y para reflejarlo de forma artística empecé tomando la siguiente referencia: la reproducción de un tetraquishexaedro (que aquí de alguna forma representa una realidad difícil de captar), en un entorno abstracto ambientado en movimientos artísticos relevantes, habitualmente de la misma época que reflejan y, para cuadrar el círculo, con personajes de cómic a modo de sujeto que se enfrentan a esa realidad difícil de captar; digo lo de cuadrando el círculo porque el pop pasa por ser la superación de la abstracción como movimiento artístico, pero son lenguajes que se presentan como antónimos, y que sin embargo yo compagino.

Todas las obras están realizadas con materiales de residuos: los bastidores están construidos con maderas de palets desmontados, y la superficie pintada sobre la que se actúa son cartones de envases desechados. Considero que en una sociedad consumista hasta límites difíciles de aceptar como la nuestra, la labor del artista trabajando y creando arte sobre lo que tiramos a la basura, debe hacernos pensar.

Fernando Bañuls, artista.
Su formación académica es en Filosofía. En la Facultad de Valencia, Román de la Calle había conseguido introducir la asignatura Estética en casi todos los cursos de la carrera. Algunos amigos (Pep Garro, Toni Pons, Vicente Verdú) le pidieron que escribiera sobre sus trabajos artísticos, y comenzó también a expresar en prensa algunas reflexiones sobre estética y ciudadanía:
https://www.informacion.es/opinion/2017/07/13/canto
-estatua-politica-5963200.html

https://www.informacion.es/opinion/2017/05/11/toma
-decisiones-arte-ciudadania-5940379.amp.html

https://www.informacion.es/opinion/2017/09/14/
correcto-5882047.html

Hace algún tiempo descubrió la figura de Arthur Danto, filósofo analítico reconvertido en especialista en Estética. Su obra, no siempre fácil ni convencional, tiene la que tal vez sea la mayor virtud filosófica: da que pensar. Desde sus reflexiones, desde los comentarios a la obra de otros artistas que viene haciendo, inició su actividad artística (primera exposición 2016) tratando de recoger sus inquietudes ético-filosóficas en la praxis creativa del arte.
Desde el punto de vista plástico su trabajo se nutre de la historia del arte contemporáneo, expresionismo abstracto americano y pop español sobre todo. De hecho suele combinar ambas perspectivas en un rizo no siempre fácil de ejecutar, que aparca el uso del ensamblaje y el collage con el que empezó a expresarse (aunque sin abandonarlo completamente).
Si puede sintetizarse en una única idea, Bañuls se considera alguien que hace arte reflexionando sobre el arte y sus conexiones con el pensamiento. Este es el hilo conductor (y tal vez la razón de ser) de su actividad como artista plástico.

En el Preámbulo de la exposición, su comisario Enric Mira, miembro de AVCA (Associació Valenciana de Crítics d’Art), nos dice: «Hay tres ideas que, a modo de prejuicio o convencionalismo, han alimentado una cierta concepción de la historia del arte. La primera es la creencia de que la producción artística se desarrolla en una evolución continua y teleológicamente orientada. La segunda es el valor inherente de la novedad, es decir, la búsqueda constante de la innovación y experimentación del lenguaje artístico como algo consustancial a la ontología de la creación artística. Y, por último, muy relacionada con la anterior, está la idea del artista como creador absoluto, de cuyo talento inalienable brotan la obra de arte y su significado.
Las vanguardias del periodo de entreguerras del siglo pasado desarmaron con rotundidad estas ideas, en particular el dadaísmo y Marcel Duchamp. En los años sesenta, el neodadaísmo de Rauschenberg y el pop art retomaron aquella dirección, seguidos por el arte conceptual, que llevó aún más lejos la desobjetualización del arte, y por el minimal art, que reformuló la obra artística en sus formas más esenciales.
Ya en la posmodernidad de finales del siglo XX, el arte adoptó una postura crítica frente a los grandes relatos de la modernidad, desafiando sus principios rectores y explorando nuevas formas de producción y significación.
La posmodernidad, caracterizada por la fragmentación, la ironía y el rechazo a las jerarquías establecidas, permitió que los artistas asumieran con mayor libertad tanto los principios heredados de las vanguardias como sus efectos disruptivos. En este contexto, se afianzaron estrategias como la hibridación de medios, el mestizaje de códigos estéticos y la exploración de los mass media como herramientas de creación artística.
Bañuls se mueve dentro de estas coordenadas con sutileza y sin estridencias, construyendo en cada una de sus piezas un argumento que entrelaza lo estético con lo racional, lo formal con lo crítico. Parodia la noción de originalidad y autenticidad promovida por la modernidad, reemplazándola por la apropiación, la intertextualidad y la parodia. Y sus referencias a la cultura de masas coquetean con esa utópica disolución de la frontera entre arte elevado y la cultura popular.
En este sentido, la obra de Fernando Bañuls se inscribe en esta lógica de remezcla y resignificación, donde la ironía y el juego conceptual operan como estrategias fundamentales.
Su obra dialoga con los estilos de la modernidad —como el expresionismo abstracto o el neoplasticismo— y la figura matemática del hexaedro tetraquis confrontándolos con iconografías de la cultura de masas, como el Coyote o Marvin el Marciano, para cuestionar sus significados y provocar una fricción de iconos. Su trabajo no se limita a una simple apropiación de imágenes y estilos reconocibles, sino que los transforma, invitando a una relectura del arte, la ciencia y el entretenimiento como manifestaciones de nuestro tiempo.
En suma, la obra de Bañuls encarna el espíritu de quien transita entre lo lúdico y lo reflexivo, lo visual y lo conceptual, lo artístico y lo filosófico, como declinaciones de esa “gran época en que todo saltó por los aires”, quién sabe si similar a la que nos toca vivir hoy, entre la perplejidad y el temor».

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