LA «TERRA INUNDADA» DE Mª DOLORES MULÁ EN LA E. SANT SALVADOR DE SANT JORDI. CERCS (Barcelona)

LA «TERRA INUNDADA» DE Mª DOLORES MULÁ EN LA E. SANT SALVADOR DE SANT JORDI. CERCS (Barcelona)

Del 10 al 31 de julio

LA MEMORIA INMERSA

Quiero volver a tierras niñas;

llévenme a un blando país de aguas. (…)

Tenga una fuente por mi madre

y en la siesta salga a buscarla,

y en jarras baje de una peña

un agua dulce, aguda y áspera.

Agua. Gabriela Mistral

Todo descansa bajo el agua. Solo queda en la memoria la plaza, las calles de piedra, la casa familiar, la escuela. Únicamente levantándose sobre el pantano, erguido y orgulloso, se encuentra el monasterio románico de sillares sólidos, como un vigía atento al paso del tiempo, manteniendo, entre sus gruesos muros, cada una de las historias del pequeño pueblo, de sus habitantes, de su exilio. El agua como principio y fin de la vida, del olvido, del recuerdo. En toda la producción artística de Mª Dolores Mulá está presente su origen, el hermoso valle donde nació, los árboles y el rio donde descansa su niñez. Vida, arte y naturaleza están poéticamente entrelazados formando un todo indisoluble.

“Tierra inundada”[1] evoca la memoria de su pueblo natal, hundido bajo el embalse de la Baells. Las imágenes representan cada uno de los recuerdos infantiles anegados del valle, la hermosa naturaleza y, ante todo, el agua. Son cuatro los apartados de esta exposición que muestran las distintas formas del agua en la tierra: desbordada, retenida, rota y también como origen del misterio o principio de vida. Imágenes de amplios paisajes con cráteres, cataratas, troncos secos o detalles de  charcas y olas rompiendo sobre la arena. Cada fotografía es un bello poema visual dedicado a la naturaleza, su cuidado y respeto. El mundo natural es el motivo central del trabajo artístico de Mª Dolores Mulá desde sus primeras series pictóricas como son “Salinas” y “Chopo ilicitano”[2] calificadas de “expresionismo ecológico”, hasta trabajos más recientes donde se combinan la fotografía, la instalación, los objetos y el video. En sus obras el cuerpo humano adquiere la apariencia de un árbol y sus venas se asemejan a raíces que se extienden por el espacio pictórico[3]. Los pigmentos se mezclan con las tierras de sus múltiples viajes y de esta manera consigue que la naturaleza, la cultura y la poesía estén íntimamente ligadas en sus obras.

Las fotografías de esta exposición recogen paisajes de distintos lugares: Islandia, Patagonia, Galicia, Sitges. “Paisajes del agua” como describe Miguel Cereceda en el texto del catálogo publicado por el Museo de la Universidad de Alicante, impresiones de la naturaleza de una incansable viajera que retiene de cada lugar su esencia. Esta serie viene a ampliar la ya realizada en el 2006 titulada “Agua Congelada”, con fotografías y pinturas de las cataratas de Iguazú y los glaciares de la Patagonia Argentina. Las obras trasmiten las tonalidades azules del hielo que junto con el blanco puro aumentan su luminosidad, de este modo la naturaleza se presenta en toda su grandeza, con amplios cielos y aguas que rompen con fuerza sobre las rocas. Paisajes sobrecogedores retratados una y mil veces para recordarnos que somos una diminuta parte de un poder mayor y que, en consecuencia, destruir la naturaleza es destruirnos a nosotros mismos. Contemplar estas imágenes nos hace sentir como el protagonista de la pintura de Caspar David Friedrich “Monje frente al mar” un pequeño apéndice ante la magnitud de tres titanes: tierra, mar y cielo. El cielo es la personificación del espíritu, la madre tierra el sustento, la fecundidad, el alimento. El agua, al igual que la materia primigenia, es el origen y el fin de todas las cosas del universo. Purificadora como el fuego supone un renacer limpio, sin mancha. Sumergirse en ella es buscar el secreto de la vida, el misterio último. Brota de la fuente de la vida aquella que otorgaba la inmortalidad, pero también es la entrada al inframundo a través de las aguas rio Aqueronte hasta alcanzar el Hades donde habitan las almas de los muertos.

¿Qué podemos sentir cuando el agua inunda el hogar de la infancia?, seguramente atracción y nostalgia al igual que un habitante de la mítica Atlántida sepultada bajo el mar y cuya grandeza se encuentra ahogada en el silencio. La imaginación nos transporta a lugares inhóspitos, a ruinas de antiguas civilizaciones con piedras, muros y ornamentos que yacen en los fondos marinos: Alejandría, Pavlopetri o la ciudad hundida de Dwarka en la India. El arte creado por el hombre se une a la naturaleza gestando una inédita belleza cargada de misterio.  Es lo que sucede con la ciudad china de Shichen que, como el pequeño pueblo catalán, yace bajo las aguas de un pantano. Sumergirse en el lago Qiandao o lago de las Mil Islas es adentrarse en un mundo fantasmagórico e irreal y descubrir una metrópolis de más de 1300 años formada por maravillosas arquitecturas decoradas por dragones, aves mitológicas u ornamentos vegetales. Un paisaje submarino que deja volar la imaginación y nos lleva preguntarnos como habría sido la vida entre estas históricas piedras.

Tristemente los paisajes de la infancia desaparecen con el tiempo. Día a día paseamos por las mismas calles y apenas somos conscientes de su transformación, que se produce poco a poco de manera imperceptible. Únicamente al adentrarnos en la memoria nos damos cuenta de que parte de nuestro pasado se va desvaneciendo muy suavemente, como el humo. Cada una de las imágenes de “Tierra inundada” rescata del agua los momentos vividos, los inocentes juegos por el valle, las risas abiertas, los árboles, las flores, el río. Mientras la mirada de Mª Dolores contempla con satisfacción al impresionante gigante románico flotando sobre las aguas del pantano, y construye, gracias al poder de la imaginación, una pequeña isla con los recuerdos de la niñez.

María Marco Such. Universidad de Alicante


[1] “Tierra Inundada” se expone por primera vez en el Museo de la Universidad de Alicante durante los meses de junio y julio de 2016. En el catálogo de esta muestra hay que destacar los textos escritos por los profesores Miguel Cereceda y Juan Antonio Roche junto al  fotógrafo y escritor Pepe Calvo.

[2] Tras la salida de su pueblo natal, los padres de Mª Dolores Mulá se establecen en Elche (Alicante). Aquí comienza su formación artística en L’Escola de Pintura Hort de Xocolater teniendo como maestros a Sixto Marco y Albert Agulló miembros del Grup d’Elx, que realizan una apertura al arte de vanguardia a mediados de los años 60. Su primera serie pictórica está dedicada a la poetisa Alfonsina Storni rememorando su suicidio adentrándose en el mar, son acuarelas que dibujan formas orgánicas, acuosas de rico colorido.

[3] Los dibujos y pinturas que representan al ser humano como un árbol son obras que forman parte de la exposición titulada “Situación límite” que se inaugura a principios de 2020 en el MUA. En la enfermedad de un familiar la que le induce a indagar sobre el dolor, la vulnerabilidad y la muerte. De esta manera establece un mundo de venas y arterias por el espacio expositivo a partir de un enorme corazón tejido.

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