SOS, VICENS VACCA, ESPAI D’ART CONTEMPORANI DE CASTELLÓ

SOS, VICENS VACCA, ESPAI D’ART CONTEMPORANI DE CASTELLÓ

18-20-20 al 31-1-21

Por: DAVID LUÍS LÓPEZ

Historiador y Crítico de Arte

Hace pocos días finalizó una de las exposiciones más difíciles que ha tenido que afrontar l’Espai d’Art Contemporani de Castelló desde su creación, aunque si bien es cierto, no es algo que haya sucedido de forma exclusiva en este centro de arte, sino que es un elemento común entre todos los espacios expositivos que han tratado de mantener su actividad en plena pandemia del Coronavirus. La exposición de Vacca fue planteada de una forma totalmente diferente a la propuesta inicial con la que el espacio contaba, pues lo cierto es que la crisis sanitaria y otros elementos técnicos del EACC no estaban preparados para poder afrontar, en estas circunstancias, aquella propuesta.

Vicens Vacca es un artista que no necesita demasiada presentación por su larga y consolidada trayectoria, dentro del arte catalán del siglo XX y XXI, donde es uno de sus máximos referentes en lo que concierne al arte sonoro. Nacido en Granollers a mitad del siglo pasado, Vacca contribuye en un contexto social de cansancio a hacernos reflexionar con una obra que encaja en el espacio y en las coyuntura general del momento histórico que nos está tocando (sobre)vivir.

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El recorrido propuesto por Vacca es un recorrido donde diferentes experiencias parecen convergir en un mensaje claro y directo, otra de las características de sus obras, en ese sentido minimalistas, que consiguen permear en lo más profundo de nuestras consciencias. La primera obra que nos encontramos en el recorrido de esta propuesta es Speech, una instalación de un conjunto de sillas ordenadas a modo de patio de butacas de un escenario, que permanecen a la espera, vacías y desnudadas en su propia desnudez, a que alguien suba al improvisado escenario, con el fin de transmitir algún tipo de mensaje. En ese escenario hay dos elementos: un micrófono y una bombilla que permanece incandescente. Dos elementos, que pese a estar activados, también permanecen a a la espera. Lo cierto es que nada ocurrirá si no acontece una acción performativa y alguien de los allí presentes decide intervenir sobre la obra y hablar, cantar o gritar sobre el micrófono. Y esta es una de las claves de esta pieza: si la voz de quien se decide a transmitir un mensaje es serena y calmada, dialogante y pacífica, nada ocurrirá. Sin embargo, si quien decide utilizar la pieza comienza a elevar el tono de voz el dispositivo comienza a actuar. Un sonido cada vez mayor trata de silenciar el discurso hasta llegar a disolver entre el ruido el mensaje transmitido. Además la pequeña bombilla acaba disolviendo también su luz y abandonando en la pequeñez de la oscuridad al ruido y al orador.

Nos encontramos, pues, ante una obra que traspasa cualquier frontera disciplinar: no sólo es una instalación, es también arte sonoro -el trabajo característico de Vacca- pero requiere de una intervención humana para su activación estética total: deviene en performance a partir de los elementos utilizados y la curiosidad del propio público. Su mensaje de fondo es directo, no se oculta, vivimos en un contexto social fuertemente polarizado, donde emergen los discursos populistas contempladors por una ciudadanía que permanece siempre pendiente a cualquier estímulo comunicativo, convirtiendo en show cualquier acción básica de la vida. Frente este populismo depredador y los mensajes vacíos de contenido fuertemente alterados, Vacca propone un micrófono que te silencia y te oscurece, un micrófono capaz de evidenciar que el ruido es siempre ruido.

La segunda pieza, es NHHR, las siglas de No Hi Ha Res, de nuevo una instalación formada por elementos de la cotidianidad. El principal elemento son tres pantallas de televisión donde se proyectan en forma de bucle una serie de frases a modo de dilación, de interrogación, que pretenden seguir con un mensaje que nunca llega, creando una expectación que deviene en falsedad. Estas pantallas están sobrepuestas sobre unas sillas y junto a ellas, tres lámparas: vuelve a repetir la característica del punto de luz en la pieza para arropar el conjunto de los tres elementos. Si bien es cierto que la escena de la instalación establece un paralelismo claro con el espacio doméstico más común: el salón del hogar, tratando de hacernos tomar consciencia sobre el impacto que toman los discursos exteriores -muchas veces exaltados- en el seno de nuestra vida privada, no menos sorprendente resulta que sea una obra sin sonido. Vacca, artista sonoro por excelencia hace que el silencio sea el hilo conductor de esta pieza, donde el reposo, la serenidad, la tranquilidad y el descanso que puede parecernos el ámbito doméstico, nuestra zona de confort física más cercana, deviene también en  espacio colonizado.

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La última de las instalaciones, aunque no la última pieza es Himne piccolo duet, un túnel acústico que emitía de forma síncrona y asíncrona dos himnos nacionales. Este elemento estructural que posibilita el túnel da una apariencia de inestable, de necesitar los soportes laterales para mantenerlo en pie. Su disposición en la sala no es recta, sino que crea una diagonal, de manera que quien atraviesa el túnel se ve abocado a cambiar de dirección, porque de no ser así y continuar en la dirección marcada por la pieza, uno toma la dirección hacia una de las paredes del centro. Los himnos nacionales, de Reino Unido y Alemania, principales potencias implicadas en la Segunda Guerra Mundial, este hecho se convierte en el punto de luz conceptual de la obra: debemos ser conscientes de las posibles consecuencias de los mensajes exaltados y la facilidad con la que llegan hasta nosotros conforme nos recuerdan las primeras dos piezas.

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Por último tomamos consciencia de la última pieza, cien por cien acústica, que nos ha acompañado durante todo el recorrido, de forma intermitente, a través de un sonido que invadía todo el espacio expositivo. La zona de la antigua cafetería se convierte en el epicentro de este sonido, que, una vez detenidos, reconocemos como la señal de SOS en código morse. La señal de socorro aparece como punto final para una exposición que queda abierta para el visitante, pues el auxilio todavía podemos ser nosotros mismos deteniendo el auge los discursos y prácticas que puedan poner en riesgo a nuestra sociedad.

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Fotografías cedidas por: Violeta Toledo y Andreea Gorgoteanu