THE STORY SERIES’ DE CAROLYN MARKS BLACKWOOD EN LA LONJA DE ALICANTE

THE STORY SERIES’ DE CAROLYN MARKS BLACKWOOD EN LA LONJA DE ALICANTE

Hasta el 28 de febrero

La Lonja del Pescado, exhibe la exposición fotográfica The Story Series, de la artista estadounidense Carolyn Marks Blackwood, ganadora de un Oscar y nueve veces nominada. Componen la muestra 52 paisajes de gran formato que funcionan como fotogramas de otras tantas películas de suspense cuyo guión aún no ha sido escrito: corresponde al espectador imaginar su propia historia, valiéndose de la leyenda que titula cada una de las fotografías, de la Colección Roberto Polo, Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha (CORPO)

“Las historias no acabadas que os sugiero en estas fotografías están ahí para que vosotros las concluyáis –dice Blackwood en una grabación dirigida al público alicantino que visite la exposición–. Espero que toquen vuestro corazón y sean un catalizador de memoria y sentimiento. Estas fotos han sido tomadas muy lejos de ahí, un mundo nos separa, pero yo confío en que evoquen lo que humanamente tenemos en común. Sin vosotros, los espectadores, el arte no tendría vida. Quiero agradecer al Ayuntamiento de Alicante haber hecho posible la exposición en este maravilloso espacio de la Lonja del Pescado y también, al bellísimo museo Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha por organizar y exhibir originariamente esta muestra. Y muchísimas gracias a todos vosotros por visitar la exposición; espero que, de un modo u otro, The Story Series os emocione”.

Carolyn Marks Blackwood (Anchorage, Alaska, 21 de agosto de 1951)

Es una artista polifacética que dio sus primeros pasos en la canción de autor para llegar a la fotografía después de una dilatada y premiada carrera en el cine, como guionista y productora al frente de Magnolia Mae Films. Entre sus producciones destacan Philomena, dirigida por Stephen Frears, cuatro nominaciones a los Oscar (entre otros, a su fotografía) y un Bafta; La duquesa (un Oscar y un Bafta); La mujer invisible y, más recientemente, El bailarín, biopic de Rudolf Nureyev, ambas dirigidas por Ralph Fiennes. Su fotografía es heredera de su vasto acervo cinematográfico y literario, pictórico y musical: sus imágenes, acompañadas siempre de una sucinta y sugerente leyenda, son como fotogramas extraídos de una película que apela a la complicidad psicológica del espectador. Contemplar las fotografías de Carolyn Marks Blackwood exige la aventura imaginativa de dibujar a sus protagonistas y trazar el desenlace de la escena.

Utiliza la artista un tamaño monumental que acentúa el poder cautivador de sus obras, que son paisajes naturales, mayormente bajo la tormenta; casas donde la vida es solo un recuerdo o una emoción de futuro: jamás aparece la figura humana; carreteras de trazado incierto, y la luz dramática de la naturaleza, en ocasiones sobresaltada por una bombilla o una lámpara en la penumbra.

Marks Blackwood, nacida en el extremo entorno de Alaska, muy pronto se trasladó con su familia a vivir a Nueva York, donde creció y se formó como artista urbana (graduada en Arte por la Rutgers University de Nueva Jersey), hasta que en 1999 se muda con su actual pareja a la ribera del Hudson, Upstate New York, donde dice que el paisaje ha cambiado su vida. Su estudio y su cámara permanentemente asomados al río, que fotografía sin cesar bajo la luz y las sombras de la noche y el día, siguiendo el paso de las estaciones.

De su obra ha destacado la crítica especializada su ambigüedad, que estimula la introspección e interpretación subjetivas, planteando al espectador cuestiones existenciales que probablemente haya querido evitar por temor o por la valentía que requiere su respuesta. Se escondió detrás del árbol, inundada de memoria; era apenas soportable./ Sabía que debía dejar de correr y obligarse a conocer la verdad./ Incluso en medio del terror podía sentir la belleza: son ejemplo de los mensajes que se leen al pie de sus fotografías.

Su obra se considera conectada al Simbolismo y al Surrealismo, y tal vez sea ésta la principal razón y el gran significado que adquiere en el contexto de la Colección Roberto Polo, cuya esencia radica en los movimientos de la vanguardia europea y su continuidad hasta llegar al arte contemporáneo y abarcar los confines de la otra orilla del Atlántico, hemisferio norte. También se ha subrayado, en sus previas y aplaudidas exposiciones internacionales, el concepto romántico de la “extrañeza inquietante” (unheimlich, noción acuñada por el filósofo Friedrich Schelling), que provoca que los actos o escenarios más cotidianos se transformen en episodios oníricos, como sin duda lo son sus paisajes.

Esta cualidad intelectualmente romántica y estéticamente emparentada con lo gótico, viene acentuada por las tonalidades y los colores espectaculares de la naturaleza que retrata y que jamás altera en su laboratorio. Juega apenas la artista con su sentido visual, su capacidad discursiva y los encuadres, que refuerza cortando, ensalzando o enmarcando fragmentos por motivos que exige la composición final, donde ella pone el marco, siempre negro, y el espectador, el devenir de la historia que se cuenta.

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