Abaroa y Natividad Navalón se instalan en el MuVIM con ‘Cartografia del dolor’

Abaroa y Natividad Navalón se instalan en el MuVIM con ‘Cartografia del dolor’

«Lo más profundo es la piel», decía el poeta Paul Valéry. Ella es la guardiana que vigila la relación dialéctica entre el dentro y el afuera, entre el interior y el exterior; es quien nos protege de los demás y, al mismo tiempo, nos expone a los otros; es lo que ocultamos y enseñamos, guiados por nuestro deseo. Nuestra piel es un cuaderno de bitácora de nuestra navegación por el curso del tiempo; es un mapa donde se van dibujando las huellas de nuestra experiencia: las arrugas, las manchas, las cicatrices. También es una cartografía del dolor del alma, de nuestros desvelos, de nuestras angustias, de nuestras heridas. Nuestro cuerpo nos habla, tiene un lenguaje secreto, «una música callada» que va esculpiendo nuestra orografía.

La piel también es el espacio performativo de la autoafirmación del yo. Abre la puerta a la posibilidad de reescribir nuestro cuerpo a través del tatuaje, de rehacernos de una manera única y original. El cuerpo tatuado es siempre un cuerpo indisciplinado, un cuerpo en rebeldía que no acata las normas estéticas que regulan al grupo y busca singularizarse, abandonar el anonimato que ofrece la masa. El tatuaje inscribe al cuerpo en el orden simbólico para crear nuestra identidad. El tatuaje es la poesía del yo.

No es extraño, por tanto, que Abaroa y Natividad Navalón entronicen en este Vitrall la imagen impactante de un torso tatuado, arropado por una túnica blanca, que nos retrotrae a las esculturas griegas de mujeres, como la Venus de Milo, aunando, de este modo, el clasicismo y la modernidad. Con ello, hacen una interesante e irónica reinterpretación contemporánea de la iconografía clásica femenina, donde se cuestiona el carácter puro, virginal y sin mácula del cuerpo de la mujer griega frente a un cuerpo actual intervenido, tatuado con símbolos, libremente elegidos, que constituyen una redefinición del yo. Ese cuerpo transgrede lo dado por la naturaleza, contraponiendo, de este modo, lo natural a lo artificial, lo recibido a lo recreado.

Por otro lado, la imagen expone una zona del cuerpo normalmente tapada que, sin embargo, se ofrece sin pudor a la mirada ajena, en un juego dialéctico de lo visible e invisible, de lo público y lo privado, de lo exhibido y lo ocultado, según su voluntad. La mujer es la dueña de su imagen y la reina de su cuerpo. Es ella quien decide, en un ejercicio de fuerza y de empoderamiento, lo que enseña y lo que esconde, lo que comparte con los otros o lo que guarda en el cofre de su intimidad.

Simbólicamente, las caderas son una parte del cuerpo femenino vinculado al erotismo. Es un espacio vulnerable, frágil, delicado, expuesto a la violación que debe ser defendido de toda agresión sexual. Las dos pistolas inscritas en el tatuaje, símbolos del poder y la violencia masculina, se convierten, paradójicamente, en lo contrario: en los instrumentos que defienden contra esa violencia; son armas contra las armas que horadan y mancillan el cuerpo femenino. De ahí sus alas, como ángeles protectores de la integridad y de la respetabilidad de la mujer. Son las vigías de un terreno vetado a la agresión y al dolor. Este tatuaje recupera además la función apotropaica que tenían los tatuajes arcaicos de espantar el mal, de exorcizar aquello que nos atemoriza.

Esta imagen se convierte, pues, en un potente símbolo en el contexto del 25-N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Este día ha de ser un altavoz para denunciar la violencia ejercida sobre las mujeres y para exigir la erradicación de esta desigualdad estructural. La violencia contra la mujer es un flagelo global, y esta fotografía ilustra la necesidad de resistencia y la capacidad de resiliencia de las supervivientes.

Comisaria:  Mercedes Gómez-Blesa.

Abaroa y Natividad Navalón

Abaroa es profesora del Departamento de Arte en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández. Natividad Navalón es profesora del Departamento de Escultura en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos,  de la Universitat Politècnica de València. Ambas forman parte del grupo de investigación Laboratorio de Creación Artística y Pensamiento de la Universitat Politècnica de València. Sus trabajos confluyen a lo largo del tiempo en proyectos colaborativos en torno al tema de la identidad, el género y la crítica de estereotipos culturales y arquetipos de la mujer. Obras como A todas ellas, 2019 o Territorio de reyertas, 2018-19 han sido expuestas en el Centre d’Art Tecla Sala en L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona; Museo de la Ciudad y MuVIM en Valencia; Casa de Porras, La Madraza en Granada y en la Galería Espai Nivi de Castellón. Por otra parte, abordan la visibilización de un legado no escrito que se transmite de madres a hijas. En esta línea de investigación han creado proyectos como Cuéntame un cuento, 2012, expuesto en la Galería Punto de Valencia y en el Palau Ducal des Borja, y la instalación Nosotras las vigías. Respirar es habitar el cuerpo, conspirar es respirar juntas, 2024, una video proyección expuesta en la Galería Espai Nivi, Castellón

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