LA GALERÍA VANGAR DE VALENCIA EXPONE LAS OBRAS DE Alba Abellán, Adrián Jorques, María Marchirant y José Antonio Ochoa

LA GALERÍA VANGAR DE VALENCIA EXPONE LAS OBRAS DE Alba Abellán, Adrián Jorques, María Marchirant y José Antonio Ochoa

Foto: Obra de Adrián Jorques

Del 25.11.2022 al 05.01.2023

Hoy viernes, 25 de noviembre, de 19:00 a 22:00, Vangar inaugura la exposición Tiempo redimido, una exposición de Alba Abellán, Adrián Jorques, María Marchirant y José Antonio Ochoa.

Nunca nos fuimos del paisaje. En nuestro arte, en nuestra vida cotidiana, volvemos a los paisajes con la intuición de que es una vuelta a casa. Quizás después de una ausencia indebidamente larga. Ortega y Gasset escribe en La pedagogía del paisaje: “Los paisajes me han creado la mitad mejor de mi alma; y si no hubiera perdido largos años viviendo en la hosquedad de las ciudades, sería a la hora de ahora más bueno y más profundo. Dime el paisaje en que vives y te diré quién eres” (OC, I, 55). Volvemos, nos reconocemos en él, aun en el negativo especular de nuestras pérdidas y ausencias. ¿Qué eficacia tiene ese reencuentro con el paisaje y, más aún, ese reencuentro con uno mismo en el paisaje? Una respuesta: la de esa imperecedera actitud de situarse frente a algo, y con ella la liberación de un despliegue de mirada que hace un mundo. Un mundo que surge en diálogo con lo que está en potencia de serlo. La naturaleza, o cualquier encrucijada humana que se aviene a la contemplación, se abre a la posibilidad de ser un mundo, de ser habitado y fructificado creativamente. Realmente, las líneas del paisaje apuntan a quien lo está configurando. Otra respuesta: el paisaje lleva tiempo, lo exige para ser. Quien contempla se implica en un tiempo de exposición a lo que aún no es, pero será paisaje. Tiempo para tantear, para encontrar el enfoque, el modo y el punto. Tiempo para dejarse decir y decir. Y finalmente, en el paisaje cuajado queda un tiempo inscrito para quien vuelve a él o para quien lo encuentra por primera vez. Un tiempo vivencial, una propuesta. Quien se sitúa frente al paisaje artístico sabe de esa exigencia del ser: no será el paisaje, no seré yo, si no respeto la propuesta de tiempo vivencial que acontece solo en esta exposición mutua.

En la presente exposición —y toda exposición es, en el sentido indicado, una propuesta de mutua exposición— son varios los paisajes que se proponen. Van en ellos modos de habitar que transfiguran el tiempo mudo y delicuescente del reloj en tiempo de exposición humana, espiritual, y por lo tanto de permanencia. Tiempo redimido, como dice Ricoeur, tiempo que permanece mientras pasa, en el crear y en el acoger; tiempo desconfigurado que gana configuración por la trama del artificio literario; en nuestro caso, por el tramar de la mirada del pintor. Tiempo de paisaje, tiempo de volver.

Alba Abellán levanta un paisaje posible, de vuelta a la naturaleza a través de experiencias matéricas para la mirada. Las texturas orgánicas son el camino para evocar el recuerdo de la naturaleza y traerlo al juego estético, potenciado también por títulos que refieren a lugares geográficos: conocidos o no por el espectador, sirven para implicar la conexión con la realidad y genera una vivencia de lugares habitables por la acción imaginativa.

Adrián Jorques “paisajea” la ciudad, lo hace ahondando en el uso de capas y transparencias que se vuelven signo de signos urbanos, de significaciones de la usura del tiempo sobre todas las cosas, del pasar de los habitantes y de sus huellas. Una revelación propuesta al espectador, sobre los modos en que habita el espacio común, y una meditación estética, ética, humana.

María Marchirant escoge el plano detalle para sobredimensionar paisajes puntuales que pasan desapercibidos a una mirada avezada al gran formato. La perspectiva queda atrás en esta relación de cercanía, y la artista compensa la ausencia aquilatando lo escogido, potenciando un cromatismo particular, lavado en blancos, que hace pensar en cielos y lagunas, en las texturas visuales de aires y aguas.

José Antonio Ochoa elige una naturaleza atemperada por el blanco y negro, por la distancia, por el silencio. Una emoción intensa en tono menor —quizás esta paradoja cifre la misteriosa fuerza de su pintura—, sin estallido ni estridencia, resultado de convocar con delicadeza al espectador e inducirlo a implicar sus propias emociones desde reclamos bien configurados, encuadres (in)conscientemente reconocibles en nuestros modos de mirar colectivos.

Extracto del texto crítico de José Manuel Mora-Fandos. 

La exposición permanecerá en el espacio de la calle Císcar nº 57 hasta el 5 de enero de 2023.

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